Francisco Sarabia y El Conquistador del Cielo
«Un día la hermosa mujer de un hombre que la quería muchísimo lo abandonó. Él empezó a buscarla. Allá donde fuera por la ciudad encontraba su rastro pero no a ella…» Así cuenta su caso Galip, un joven abogado que vive en Estambul y quiere reencontrarse con Rüya, su esposa y prima. Sospecha que ha huido con otro hombre, con un hombre que bien podría ser alguien muy cercano, casi tan cercano como su propio hermanastro, Celâ, un periodista excéntrico que también ha desaparecido. En su persecución alucinada, Galip recorre día y noche las calles de un Estambul real y fabuloso que alberga en cada esquina una historia secreta, y donde todas las pistas, como si fueran cajas chinas, esconden nuevos misterios. Pero cuando Galip da su paso más audaz y asume la identidad de Celâ, ignora el riesgo al que se expone. Porque hay juegos que desembocan en crímenes inesperados. El libro negro es una novela policíaca, tan espectacular como poco convencional, donde la investigación se centra en la identidad y la escritura. Con esta obra, que en Turquía se convirtió a la vez en lectura de culto y de masas, Orhan Pamuk se consagró como uno de los maestros actuales de la literatura mundial.
“Las personas que tarareaban sus versos en aquellos pueblos y veredas retirados de la Civilización, no lo habían visto a él ni en pintura. No sabían cómo era su rostro ni les interesaba. Pero reconocían en sus coplas el mejor correo posible, porque no les informaba sobre lo urgente – nada era urgente – sino sobre lo importante. Por eso las acogían aunque llegaran retrasadas: venían de muy lejos y conservaban el aroma de los montes. Quienquiera que fuera su autor, les estaba regalando ricas historias, contadas a la manera de las buenas crónicas periodísticas: historias completas, redondas, en las que había burla, deliciosos arcaísmos, apuntes sobre la suerte de las cosechas, regaños para bajarle los humos a algún aparecido, guiños a una mujer amada que hoy se llamaba Manuela y mañana María.”
Alberto Salcedo Ramos, “El testamento del viejo Mile”
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“Solamente y junto al bar brindamos la inocencia hacia el altar de los que no pudieron más. Qué frágil encontrarse una vez más con todo lo que hicimos y acordar… no existe una respuesta si la pregunta no es perfecta”
Gerardo Enciso - “Tarará”
Quan lo rosinhols escria
ab sa part la nueg e.l dia,
yeu suy ab ma bell’amia
jos la flor,
tro la gaita de la tor
escria: “Drutz, al levar!
Qu’ieu vey l’alba e.l jorn clar.”
Cuando el ruiseñor trina
con su pareja de noche y de día
yo estoy con mi bella amiga
bajo la flor,
hasta que el vigilante de la torre
llama:”Amantes, ¡A levantarse!
que yo veo el alba y el día claro.”
(Anónimo)